A más de una década de Aural 2012 y 2013, sus sonidos permanecen como parte de la memoria cultural de la Ciudad de México. Entre Faust, Z’EV, Boris, Liturgy, Monogatari y Sun Ra Arkestra, el Festival Aural llevó la música experimental a escenarios donde el ruido, la improvisación, la electrónica, el jazz, el metal y la exploración sonora encontraron un mismo territorio.
Hay conciertos que terminan cuando se apagan las luces.
Y hay otros que permanecen.
Más de diez años después, el recuerdo del Festival Aural continúa asociado a una época particularmente fértil para la música experimental en la Ciudad de México. Durante 2012 y 2013, Aural formó parte del Festival de México y convirtió distintos recintos del Centro Histórico y de otras zonas de la ciudad en espacios para escuchar aquello que difícilmente encontraba lugar en los circuitos musicales convencionales.
No se trataba simplemente de presentar bandas internacionales.
La apuesta era otra: construir un espacio para la exploración.
Aural y el Festival de México
Aural surgió en 2011 como un nuevo espacio dedicado a la música experimental dentro del Festival de México. Su aparición estuvo vinculada a la experiencia previa de proyectos como Radar y a una generación de programadores, músicos y gestores interesados en ampliar las posibilidades de la escucha contemporánea.
La propuesta encontró rápidamente un público.
Para su segunda edición, en 2012, el Festival Aural presentó una programación internacional que reunía distintas corrientes de la experimentación sonora: improvisación libre, electrónica, rock experimental, krautrock, música electroacústica, noise y propuestas vinculadas al arte sonoro.
Aquella diversidad era precisamente una de sus mayores virtudes.
Aural no necesitaba definir una sola estética. Su territorio estaba en la frontera.
Aural 2012: el sonido como materia
La segunda edición del Festival Aural se desarrolló del 8 al 16 de mayo de 2012, dentro del Festival de México, con actividades en diferentes espacios de la Ciudad de México.
El programa reunió nombres fundamentales de la experimentación internacional.
Entre ellos estaban Peter Brötzmann’s Hairy Bones con Bill Laswell, Hernán Hecht Trío, Faust, Z’EV, Alva Noto y Ryuichi Sakamoto, además de otros proyectos y actividades relacionadas con la creación sonora.
Para muchos asistentes, uno de los momentos centrales llegó el 14 de mayo en el Lunario del Auditorio Nacional, cuando Faust y Z’EV compartieron la noche a demás e invitar a Dan Zlotnik.
Faust representaba una de las vertientes históricas de la ruptura sonora europea. Surgido en Alemania a comienzos de los años setenta, el grupo había contribuido a ampliar las posibilidades del rock hasta convertirlo en un laboratorio de texturas, ruido, improvisación y estructuras no convencionales.
Z’EV, por su parte, llevaba la percusión hacia otro territorio: objetos, materiales industriales y resonancias convertidas en instrumentos.
En Aural, ambos universos encontraron un mismo escenario.
Fotografiar el ruido
Una fotografía de un concierto experimental tiene una dificultad particular.
¿Cómo fotografiar algo que, en esencia, ocurre en el tiempo?
El sonido desaparece inmediatamente después de producirse. La fotografía, en cambio, intenta detenerlo.
Por eso las imágenes de aquella época adquieren hoy otra dimensión. Un gesto, una postura frente al instrumento, una luz sobre el escenario o el movimiento de un músico pueden funcionar como fragmentos de una experiencia que ya no puede repetirse exactamente.
El archivo fotográfico se convierte así en otra forma de escucha.
Del krautrock a la electrónica
Aural 2012 también mostró que la experimentación no pertenecía exclusivamente al terreno del ruido.
El cierre de aquella edición estuvo a cargo de Alva Noto y Ryuichi Sakamoto, quienes se presentaron el 16 de mayo en el Teatro Metropólitan. La colaboración entre las estructuras electrónicas de Carsten Nicolai y el piano de Sakamoto representaba otra posibilidad: la convivencia entre tecnología, composición contemporánea, minimalismo y sensibilidad audiovisual.
El contraste era revelador.
En unos días, el público podía encontrarse con el volumen abrasivo de Faust, la percusión experimental de Z’EV, la improvisación de Peter Brötzmann y, finalmente, las arquitecturas electrónicas de Alva Noto junto al piano de Sakamoto.
Eso era Aural.
No un género.
Una actitud frente al sonido.
Aural 2013: una segunda memoria
Un año después, el Festival Aural regresó como parte del 29º Festival de México.
La tercera edición se desarrolló durante seis días y amplió nuevamente el espectro de la música experimental internacional y mexicana.
La programación de 2013 resulta particularmente significativa vista desde el presente.
En ella convivieron Sun Ra Arkestra, Boris, Liturgy, Monogatari, Oval, Mika Vainio, Kevin Drumm, Nate Wooley y numerosos artistas y proyectos mexicanos.
Era una programación difícil de encasillar.
Y precisamente por eso resulta tan representativa de lo que Aural significó.
Sun Ra Arkestra
El 15 de mayo, el Teatro de la Ciudad recibió a Sun Ra Arkestra junto con Cosmic Brujo Mutafuka Trio.
La presencia de Sun Ra Arkestra conectaba la experimentación contemporánea con una historia mucho más amplia: la del free jazz, la improvisación y la imaginación cósmica desarrollada alrededor de Sun Ra desde mediados del siglo XX.
Su música había demostrado que la improvisación podía ser también una forma de construir mundos.
Aural llevó ese universo a la Ciudad de México.
Boris, Liturgy y Monogatari: una noche de ruido
El 16 de mayo de 2013, el Lunario recibió una de las combinaciones más recordadas de aquella edición: Monogatari, Liturgy y Boris.
La noche comenzó con Monogatari, proyecto mexicano que llevó al escenario una combinación de velocidad, noise y agresividad sonora.
Después apareció Liturgy, desde Brooklyn, con una propuesta que trasladaba elementos del black metal hacia una búsqueda experimental y electrónica.
Finalmente llegó Boris.
La banda japonesa había construido durante décadas una relación particular con el volumen, la distorsión y las estructuras expansivas del rock experimental. En aquella noche, el resultado fue una experiencia física tanto como musical.
El ruido no era únicamente algo que se escuchaba.
Se sentía.
Las crónicas de aquel concierto describieron una noche particularmente intensa. El recorrido comenzaba con la energía de Monogatari, continuaba con Liturgy y culminaba con la potencia de Boris.
Vista desde la distancia, aquella combinación parece casi imposible de programar dentro de un mismo festival.
Pero justamente ahí estaba el sentido de Aural.
Una ciudad para escuchar
Uno de los elementos más interesantes del Festival Aural fue su relación con los espacios de la Ciudad de México.
El festival no se limitó a un único recinto. El Teatro de la Ciudad, el Lunario, el Teatro Metropólitan, el Centro Cultural de España, la Universidad del Claustro de Sor Juana y otros espacios participaron en distintas actividades de estas ediciones.
La ciudad funcionaba como una especie de instrumento.
Cada recinto modificaba la experiencia.
Una misma pieza podía adquirir otra dimensión dependiendo de la arquitectura, la acústica, la cantidad de público o la proximidad física entre los músicos y los asistentes.
En 2013, por ejemplo, el proyecto Nicho Aural fue concebido como un espacio dedicado específicamente a la música experimental y se desarrolló en colaboración con Aural dentro del Festival de México.
La experimentación no estaba solamente en los escenarios.
También estaba en la manera de ocupar la ciudad.
Más de diez años después
Hoy, cuando la Ciudad de México cuenta con una escena mucho más amplia de música experimental, arte sonoro, noise, improvisación, electrónica y proyectos híbridos, resulta fácil olvidar lo importante que fue abrir aquellos espacios.
El Festival Aural pertenece a una historia reciente, pero ya forma parte de la memoria cultural de la ciudad.
Sus ediciones de 2012 y 2013 dejaron registros sonoros, reseñas, carteles, testimonios y fotografías.
Estas últimas tienen una importancia particular.
Porque mientras las grabaciones permiten volver a escuchar, las fotografías permiten volver a mirar.
Y mirar nuevamente aquellos escenarios significa también recordar una ciudad que, durante algunos días, decidió escuchar de otra manera.
El archivo como ritual
Las fotografías de Faust, Z’EV, Sun Ra Arkestra, Boris, Liturgy y Monogatari, entre otros artistas, son fragmentos de esa historia.
No son únicamente imágenes de conciertos.
Son documentos de una época.
Registran cuerpos frente a máquinas, instrumentos, amplificadores, luces, público y espacios arquitectónicos. Registran la intensidad de una escena que por definición buscaba escapar de las fórmulas establecidas.
Más de una década después, esas imágenes nos permiten reconstruir una experiencia.
El sonido ya terminó.
El festival ya pasó.
Los escenarios cambiaron.
Pero queda el archivo.
Y mientras alguien vuelva a mirar esas fotografías, el ritual continúa.
Aural permanece
Entre 2012 y 2013, el Festival Aural demostró que la música experimental podía encontrar un lugar dentro de uno de los encuentros culturales más importantes de la Ciudad de México.
Faust y Z’EV.
Alva Noto y Ryuichi Sakamoto.
Sun Ra Arkestra.
Boris.
Liturgy.
Soledad.
Etc.



































































































































































